Linfopoyesis posnatal

1. Linfocitos T y subpoblaciones de linfocitos T.

Aunque el porcentaje de linfocitos T CD3 en la sangre del cordón es algo menor que en la sangre periférica de los niños y los adultos, los linfocitos T están presentes en un número absoluto (células/mm3) más elevado debido a que el número de linfocitos totales es más alto en todos los lactantes normales. Además, el cociente entre los linfocitos CD4 y CD8 suele ser mayor en la sangre de cordón (3,5-4:1) que en la sangre de los niños y los adultos (1,5-2:1). Casi todos los linfocitos T de la sangre del cordón expresan la isoforma CD45RA (virgen) y persiste un predominio de linfocitos CD45RA sobre los CD45RO durante los 2-3 primeros años de vida; después, el número de células que expresan estas dos isoformas se igualan de forma gradual [1, 2].

Los linfocitos T de la sangre del cordón pueden responder normalmente a mitógenos de linfocito T, PHA (phytohemaglutinin o fitohemaglutinina) y Con A (concavalina A), y son capaces de montar una respuesta leucocitaria mixta normal. Los recién nacidos a término también tienen la capacidad de desarrollar respuestas de linfocitos T específicos frente al antígeno desde el nacimiento, como se demuestra por una reactividad fuerte a la tuberculina pocas semanas después de la vacunación con BCG [3], incluso cuando se administra el primer día de vida.

2. Linfocitos B e inmunoglobulinas.

Los linfocitos B están presentes en la sangre del cordón en porcentajes algo superiores pero en un número absoluto considerablemente mayor que en la sangre de los niños y los adultos, por el mayor recuento absoluto de linfocitos en todos los lactantes normales. Sin embargo, los linfocitos B de la sangre del cordón no sintetizan la amplia variedad de isotipos de Ig que llevan a cabo los linfocitos B de los niños y los adultos cuando se les estimula con el mitógeno de Phytolacca americana (PWM) o anti-CD40 más IL-4 o IL-10; por el contrario, producen sobre todo IgM pero en una cantidad mucho menor. Debido a la falta de anticuerpos IgM (opsoninas termoestables) frente a microorganismos gramnegativos, los neonatos tienen una mayor susceptibilidad a las infecciones por estos patógenos y probablemente esto hace que los polimorfonucleares neonatales no fagociten bien algunos microorganismos. Los anticuerpos IgG transmitidos desde la madre sirven de manera adecuada como opsoninas termoestables para la mayoría de las bacterias grampositivas, y los anticuerpos IgG frente a los virus aportan una protección eficaz. Dado que los lactantes prematuros han recibido menos IgG materna en el momento del nacimiento que los lactantes a término, la actividad opsonizadora del suero es más baja en estos neonatos.

Los neonatos comienzan a sintetizar anticuerpos de la clase IgM a una gran velocidad, inmediatamente después del nacimiento en respuesta al inmenso estímulo antigénico de su nuevo ambiente. Este aumento continúa hasta conseguir las concentraciones del adulto alrededor del primer año de edad. El suero del cordón del neonato normal no infectado no contiene IgA detectable, detectándose IgA sérica por primera vez alrededor del 13º día de la vida postnatal y su concentración aumenta de manera gradual durante la primera parte de la infancia hasta conseguir las concentraciones del adulto entre el 6º y el 7º años de vida. La sangre del cordón contiene concentraciones de IgG comparables o mayores a las del suero materno. La IgG materna desaparece gradualmente durante los primeros 6-8 meses de vida, mientras aumenta la síntesis de IgG por parte del niño hasta conseguir la concentración de IgG total del adulto alrededor de los 7-8 años de edad. El desarrollo de la IgE en general sigue al de la IgA. La concentración total de Ig en lactantes suele alcanzar su nivel más bajo alrededor del 3º-4º mes después del nacimiento. Después de alcanzarse las concentraciones del adulto de todas las Ig, estos valores permanecen constantes para un sujeto normal. La capacidad de producir anticuerpos específicos frente a antígenos proteicos se encuentra intacta en el momento del nacimiento. Sin embargo, los lactantes normales no pueden producir anticuerpos frente a antígenos polisacáridos hasta pasados los 2 años de edad, a no ser que el polisacárido esté conjugado con un transportador proteico, como es el caso de las vacunas conjugadas de Haemophilus influenzae del tipo b (Hib) y de Streptococcus pneumoniae.

Los linfocitos B CD5+ (células B-1) se encuentran en un porcentaje mayor en la circulación fetal que en la adulta, pero disminuye con el aumento de la edad gestacional. Sin embargo, en el momento del nacimiento la mayor parte de las células B son CD5+, en contraste con el adulto en el que sólo un pequeño porcentaje de las células B periféricas expresan esta molécula [4, 5]. Las células B CD5+ son independientes de las células T y producen anticuerpos polirreactivos que tienen un papel importante en la respuesta inmune primaria y son muy útiles en la primera línea de defensa, tan necesaria en el neonato [6].


3. Linfocitos NK.

El porcentaje de linfocitos NK en la sangre del cordón suele ser menor que en la sangre de los niños y adultos, pero el número absoluto de linfocitos NK es aproximadamente el mismo debido al mayor número de linfocitos. La capacidad de los linfocitos NK de la sangre del cordón de mediar la lisis de las dianas en análisis de los linfocitos NK o análisis de citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos (CCDA) es alrededor de dos tercios la de los adultos.

4. Desarrollo de monocitos/macrófagos.

El número de monocitos circulantes en neonatos a término es similar al de adultos, pero tienen menos macrófagos tisulares. Esto parece deberse a una menor infiltración de monocitos en los sitios de inflamación en el recién nacido [7]. El número de macrófagos tisulares no alcanzan los niveles adultos hasta los 6-10 años de vida. Aunque la capacidad fagocítica y la de procesamiento del antígeno de macrófagos neonatales y adultos son similares, las células neonatales tienen una capacidad relativamente disminuída para producir y responder a varias citocinas [8].

5. Desarrollo de órganos linfáticos.

El tejido linfático es en proporción pequeño pero está bien desarrollado en el nacimiento y madura con rapidez en el periodo posnatal. El timo es más grande respecto del tamaño del cuerpo durante la vida fetal y en el momento del nacimiento suele tener dos tercios de su peso maduro, que alcanza durante el primer año de vida. No obstante, alcanza una masa máxima justo antes de la pubertad y después involuciona de manera gradual.

clip_image002[4] Evolución de la masa del timo durante el periodo fetal, infancia y periodo adulto en humanos.

Fuente: “Inmunología”.J.Peña Martínez. Cap.2.”Células inmunocompetentes”. C.Alonso y J.Peña.

Al año de edad, todas las estructuras linfáticas están maduras desde el punto de vista histológico. Los recuentos absolutos de linfocitos en la sangre periférica también alcanzan un máximo durante el primer año de vida. El tejido linfático periférico aumenta con rapidez su masa durante la lactancia y primera parte de la infancia, alcanzando el tamaño del adulto a los 6 años de edad; durante los años prepuberales supera esas dimensiones y después sufre una involución coincidente con la pubertad. Pero el bazo aumenta gradualmente su masa durante la maduración y no alcanza su peso completo hasta la fase adulta. El número medio de placas de Peyer en el nacimiento es la mitad que en la fase adulta y aumenta en forma gradual hasta que el número medio del adulto se supera durante los años de la adolescencia.

Bibliografía.

1. Hannet I, Erkeller-Yuksel F, Lydyard P, Deneys V, De Bruyere M. Developmental and maturational changes in human blood lymphocyte subpopulations. Immunol Today 1992;13:215-8.

2. Osugi Y, Hara J, Kurahashi H, et al. Age-related changes in surface antigens on peripheral lymphocytes of healthy children. Clin Exp Immunol 1995;100:543-8.

3. Rowe J, Macaubas C, Monger T, al. e. Vaccine antigen-specific responses in human infants are initally Th2 polarised.

4. Bofill M, Janossy G, Janossa M, et al. Human B cell development. II. Subpopulations in the human fetus. J Immunol 1985 Mar;134(3):1531-8.

5. Tucci A, Mouzaki A, James H, Bonnefoy J, Zubler R. Are cord blood B cells functionally mature? Clin Exp Immunol 1991;84:389-94.

6. Holt PG, Jones AC. The development of the immune system during pregnancy and early life. Allergy 2000;55:688-97.

7. Klein R, Fischer T, Gard S, Biberstein M, Rich K, Stiehm E. Decreased mononuclear and polymorphonuclear chemotaxis in human newborns, infants and young children. Pediatrics 1977;60:467-72.

8. Li Y, Ohls R, Christensen R. Effects of recombinant granulocyte-macrophage colony stimulating factor on the capacity of mononuclear cells from preterm infants to generate interleukine-6 and granulocyte colony-stimulating factor. Int J Pediatr Hematol Oncol 1996;3:63-6.