Marcadores de translocación bacteriana en pacientes infectados por VIH y hepatitis C

Marcadores de translocación bacteriana en pacientes infectados por VIH y hepatitis C

La translocación bacteriana es un fenómeno clave en la patogenia de la hepatitis C crónica, especialmente en la fase de cirrosis [1, 2]. La translocación bacteriana se define como el paso de bacterias desde la luz intestinal, hasta los ganglios linfáticos del mesenterio[1]. Durante este proceso, las células inmunitarias del huésped, principalmente las células mieloides hepáticas (monocitos, macrófagos y células de Kupffer),son estimuladas por PAMPs bacterianos, como el LPS [3] que se une al complejo CD14/TLR4, el cual activa el NF-kB e induce la síntesis de citoquinas proinflamatorias como el TNF-a, IL-1, IL-6, etc. y una sobreexpresión de marcadores de activación celular [2, 4, 5].

Para que la translocación bacteriana tenga lugar, es preciso que haya tres eventos claves: a) alteraciones en la flora intestinal; b) alteraciones en la barrera intestinal, y c) alteraciones en los mecanismos de defensa inmunológica [1]. Una vez superado este filtro bacteriano, las bacterias pueden alcanzar la sangre y provocar bacteriemias prolongadas, e incluso llegar a colonizar el líquido ascítico. Además, también puede haber el paso de productos microbianos, a través de la mucosa intestinal, provocando así la producción de citoquinas proinflamatorias y mediadores vasoactivos [6].

La translocación bacteriana y el grado de translocación bacteriana aumentan con la gravedad de la enfermedad hepática, especialmente en la etapa descompensada de la cirrosis [3, 6]. Además, los pacientes VIH también tienen translocación bacteriana debido a las alteraciones inmunológicas, principalmente en el GALT e hígado [7].

El FABP2 (fatty acid-binding protein (FABP) 2), también conocida como I-FABP (intestinal-FABP) es un marcador de integridad de la barrera intestinal, e indirectamente de permeabilidad intestinal [8]. Las proteínas FABP2 son pequeñas proteínas citosólicas solubles presentes en los enterocitos maduros del intestino delgado y grueso [8]. Su función es el transporte de ácidos grasos de la membrana apical del enterocito al retículo endoplasmático donde se produce la biosíntesis de lípidos complejos. Los niveles basales de FABP2 reflejan la tasa de regeneración fisiológica de enterocitos, mientras que los niveles elevados indican daño en las células del epitelio intestinal [8].

FABP2 es un marcador de morbilidad y mortalidad en la infección por VIH [9]. Se han encontrado niveles plasmáticos más elevados de FABP2 en sujetos infectados monoinfectados VIH y coinfectados VIH/VHC que en controles sanos [10, 11], indicando un aparente fallo en integridad de la pared intestinal, que fue acompañado con mayor inflamación. Además, en pacientes coinfectados VIH/VHC se ha encontrado asociación de los niveles plasmáticos de FABP2 y la progresión de la enfermedad hepática [12].

El sCD14 es una proteína soluble secretada por el hígado (proteína de fase aguda) y los monocitos/macrófagos (se libera de monocitos tras la activación), y es suficiente en bajas concentraciones para conferir capacidad de respuesta frente a LPS y otros productos bacterianos como el peptidoglicano. Los niveles de sCD14 en plasma son un reflejo de la exposición del organismo al LPS, indicando una mayor translocación bacteriana en estos sujetos, que suele ir acompañada de mayor inflamación [10, 13]. Se han encontrado niveles plasmáticos más elevados de sCD14 en sujetos infectados por VIH [14, 15] y coinfectados VIH/VHC [16] que en controles sanos; y se han asociado con morbilidad y mortalidad en la infección por VIH [9, 17, 18] y en la hepatitis C crónica [10, 19]. Por otro lado, en pacientes con hepatitis C crónica se ha encontrado asociación de los niveles plasmáticos de sCD14 con estadios avanzados de la enfermedad hepática [10, 12, 20, 21], aunque también hay trabajos que no encuentran esta asociación [22].

El LPS (lipopolisacárido o endotoxina), es un componente mayoritario de la membrana externa de las bacterias Gram negativas, el cual es liberado al morir y lisarse la bacteria. El LPS actúa en el organismo activando el sistema inmune, promoviendo la secreción de citoquinas, expresión de moléculas de adhesión en el endotelio y la activación de la capacidad microbicida del macrófago [6].

En los pacientes cirróticos se han observado niveles elevados de LPS en sangre periférica debido a la translocación bacteriana, así como la reducción de la depuración hepática [6]. También se han encontrado niveles plasmáticos elevados de LPS en sujetos infectados por VIH [14, 23] y coinfectados VIH/VHC [11]. Por otro lado, en pacientes con hepatitis C crónica se ha encontrado asociación de los niveles plasmáticos de LPS y estadios avanzados de la enfermedad hepática [10, 20]. Los niveles plasmáticos de LPS de los pacientes cirróticos están más elevados y se correlación con la etapa de cirrosis. Esto hace que el LPS pueda servir como factor pronóstico de gravedad de la enfermedad hepática y de supervivencia a corto plazo de los pacientes cirróticos [24, 25]; aunque también hay trabajos que no encuentran esta asociación [26, 27].

 

REFERENCIAS

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  2. Albillos A, Lario M, Alvarez-Mon M. Cirrhosis-associated immune dysfunction: distinctive features and clinical relevance. J Hepatol 2014,61:1385-1396.
  3. Dirchwolf M, Ruf AE. Role of systemic inflammation in cirrhosis: From pathogenesis to prognosis. World J Hepatol 2015,7:1974-1981.
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